Hoy regresa mi amada… ¿quiero verdaderamente que regrese?

Después de una ausencia relativamente prolongada, puede haber dos sentimientos encontrados en el amante que espera.  Por un lado, la emoción gozosa de ver el rostro sonriente, escuchar las palabras amables y las historias vividas, la expectativa de la piel tibia y la recepción amorosa…  Justo aquí es el otro sentimiento.  El temor de que el encuentro no sea tan dulce como se desea, incluso el vislumbrar que tal aproximación no es más que una loca quimera producto de los delirios de una esperanza que tiene nulas probabilidades de hacerse realidad.

Entonces, quiero que llegue el momento?  me lanzo al vacío y corro el riesgo se ser rechazado y sentirme un ridículo romántico?  No lo sé. Tal vez lo haga.  Es cierto que ultimamente en innumerables ocasiones he decidido no aproximarme como enamorado, sino como esa persona amable con la que se cohabita y eso sí, se puede confiar.   Pero en esta ocasión la emoción es grande y lo que puede ser es gigantesco.  Vale la pena intentarlo, aunque quizá, no habrá red que detenga mi caísa y golpearé estrepitosamente el suelo.

 

Dios, estamos en tus manos

S

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