Hoy regresa mi amada… ¿quiero verdaderamente que regrese?

Después de una ausencia relativamente prolongada, puede haber dos sentimientos encontrados en el amante que espera.  Por un lado, la emoción gozosa de ver el rostro sonriente, escuchar las palabras amables y las historias vividas, la expectativa de la piel tibia y la recepción amorosa…  Justo aquí es el otro sentimiento.  El temor de que el encuentro no sea tan dulce como se desea, incluso el vislumbrar que tal aproximación no es más que una loca quimera producto de los delirios de una esperanza que tiene nulas probabilidades de hacerse realidad.

Entonces, quiero que llegue el momento?  me lanzo al vacío y corro el riesgo se ser rechazado y sentirme un ridículo romántico?  No lo sé. Tal vez lo haga.  Es cierto que ultimamente en innumerables ocasiones he decidido no aproximarme como enamorado, sino como esa persona amable con la que se cohabita y eso sí, se puede confiar.   Pero en esta ocasión la emoción es grande y lo que puede ser es gigantesco.  Vale la pena intentarlo, aunque quizá, no habrá red que detenga mi caísa y golpearé estrepitosamente el suelo.

 

Dios, estamos en tus manos

S

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Sexo como susituto de comunicación y convivencia

Ya se dijo que el enamoramiento no es lo mismo que el amor, aunque por un tiempo puede parecerlo.

Pues bien, el sexo hace un buen trabajo en parecer conexión personal, no solo emocional, sino también espiritual.

Ya señalaba Erich Fromm en El arte de amar que:

“Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida.”

De ahí que una y otra vez, las personas intentemos esa cercanía, esa unidad.  De hecho, para muchos esa búsqueda se da a lo largo de toda la vida con diferentes personas en diferentes circunstancias.  Esa experiencia que nos quita, al menos temporalmente, el aislamiento que, reconozcámoslo o no, a la mayoría nos aterra.

Endorfinas

Comentemos brevemente sobre el papel que las endorfinas pueden jugar en nuestro organismo y en nuestras percepciones.

Las endorfinas (de “endógena” y “morfina”) son sustancias que se producen en nuestro organismo por la glándula pituitaria y por el hipotálamo durante ciertas actividades físicas, tales como el ejercicio, la excitación derivada de varias fuentes (escuchar música, ver imágenes agradables, caricias), ciertos alimentos, y el orgasmo.  El efecto que esta sustancia genera en el cuerpo es similar al de algunos opiáceos en cuanto a sus habilidades para producir sensaciones de bienestar, supresión del dolor.  Sus efectos también abarcan el cerebro, disminuyendo las sensaciones de tristeza y de soledad.

Irremediablemente, no es difícil de imaginar porqué, se siguen en la mente emociones positivas que pueden ir de la paz a la alegría, pasando por el aprecio y el cariño.  Y también será evidente, que estas experiencias agradables querríamos repetirlas de vez en vez.  Aún más allá, al igual que las mencionadas drogas, las endorfinas pueden llegar a producir un cierto grado de adicción.

Ahora bien, cuando la descarga de endorfinas se produce al contacto con otra persona, nuestro cerebro suele adjudicar la sensación de bienestar a la persona misma, generando cierto grado de apego o incluso “adicción” por ella. Nuestros procesos mentales tienden entonces a lo que llamamos enamoramiento, esa sensación de querer estar cerca y de poseer, de alguna manera, a esa persona.  Por supuesto que es razonable querer repetir la experiencia e incluso extenderla a otros momentos de nuestra vida.

Ya se dijo que la deseada producción de endorfinas puede venir de estimulaciones otras que las sexuales. Una buena conversación, un paseo agradable o compartir la hora de la comida en buena compañía, son ocasiones para mantener los niveles requeridos de bienestar. El problema comienza cuando esas buenas conversaciones no existen, ni los paseos, o compartir en la mesa ya no se disfruta. Es entonces que se quiere acudir a la fuente infalible de la sustancia: las caricias y el sexo. La actividad sexual no falla como productora de serotonina porque ello está embebido en nuestro funcionamiento fisiológico.

Sé que es provocador y puede incomodar, pero:

¿podrías vivir con tu pareja, sin contactos de contenido sexual?¿o necesitas del sexo para que se dé esa sensación de bienestar?¿cuáles son tus momentos generadores de endorfinas en pareja?

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Los hombres de Marte, las mujeres de Venus y otros mitos

Existen miles de libros de ayuda para la pareja.  Y se explica, pues este aspecto de la vida consituye un factor fundamental en la felicidad de la mayoría de las personas.   En general, esos libros tienen algunos buenos tips de convivencia.  Sin embargo, frecuentemente quedan cortos a la hora de mostrar el panorama completo de lo que es la vida armónica entre dos.

Y no es que las ideas allí expresadas sean erróneas, no.  En estas obras se plasma la experiencia y las respuestas puntuales que han dado resultados a los autores o a sus clientes.  Viéndolo así,  vale la pena tomarlos en consideración.  Pero no alcanzan a abarcar una solución integral.  A nuestro modo de ver, la debilidad de estas propuestas estriba en que se enfocan primordialmente en la relación misma y en los momentos de interacción (objetos) y no en las personas que la conforman (sujetos). Me explico.  Se asume que los miembros de la pareja, como son actualmente, podrían tener una convivencia armónica si tan sólo tuvieran algunos conocimientos adicionales (técnicas de comunicación, de resolución de conflictos, habilidades amatorias, etc.).

Aunque estos tips son útilies y pueden ayudar, pasan por alto la condición primera para que esa convivencia sea posible: la capacidad de amar de la persona.  Veamos dos ejemplos de enfoques que, de tan desenfocados, llegan a estar errados: el de Marte y Venus y el de Mi media naranja.

Marte y Venus

Esta teoría noventera, en terminos simplistas, señalaba que si el hombre entiende que la mujer es diferente (y viceversa), entonces podrán vivir felices juntos.   Por supuesto que son diferentes, es valioso saberlo y conocer en qué estriban esas -diría yo- complementariedades permitirá tomar mejores cursos de acción en situaciones conflictivas, o incluso para construir.  Sin embargo,  no se trabaja suficiente al interior de la persona.  Se alimenta la creencia de que un individuo puede ser, digamos, una mala persona con todo el mundo: pero podría ser buena persona con su pareja.  Absurdo.

Mi media naranja.

El concepto anterior nos lleva a otro todavía más dañino: si una persona busca suficiente, encontrará a otra con la que, por un alto grado de afinidad, podrá vivir feliz. Análogamente, la razón por la que una persona no puede amar a otra, es porque “esa otra” no es compatible con la primera o no tiene las características requeridas. Falso.   Es cierto que hay personas más “amables (tienen caracterísitcas que facilitan la convivencia)” que otras. Pero la clave del amor -el amor mismo- está siempre en quien ama -sujeto-, no en quien es amado -“objeto”-.

De esto se desprende la verdadera clave del éxito en el amor.  Más que esperar que la otra persona (objeto) adquiera ciertas características amables, o incluso trabajar para que la relación sea llevadera y cordial -que sí hay que hacerlo como lo señalan todos esos libros-, el sujeto debe entrenarse y desarrollar su capacidad de amar. Estso es. ir alcanzando una madurez humana superior, en términos de sabiduría de la vida, templanza, fortaleza, ternura.  No ignoramos que los comportamientos recomendados por conferencistas, si se apliquen cotidianamente, vayan paulatinamente transformando a las personas. La idea de que los pequeños haceres van formando el ser es indudablemente poderosa.

Finalmente, estos conceptos son particularmente importantes al elegir pareja.  Habría que buscar, si un objeto amable (en términos de atractivo), pero más un sujeto con capacidad de amar.

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Enamoramiento y Amor

De vez en cuando algún autor nos recuerda que no es lo mismo estar enamorado (falling in love) que amar (to love). En la cotidianeidad, sin embargo, utilizamos estas dos palabras, y sus conceptos, como prácticamente intercambiables. Es cierto que en ocasiones pueden ir juntos, incluso la presencia de ambas sería el estado ideal de una vida en pareja. Desafortunadamente la más de las veces ocurren en momentos diferentes o pueden no coincidir nunca, para una pareja en particular.

Por supuesto, el que no falta en un principio es el enamoramiento, ese sentimiento inspirado y fragrante que hace irresistiblemente atractiva a la otra persona. Ese deseo de estar con ella y poseer al menos su atención. El enamoramiento, como las demás emociones humanas (enojo, tristeza, miedo, etc), va acompañado de manifestaciones corporales (cambios en los neurotransmisores, secreciones hormonales, ritmo cardiaco), que influyen poderosamente en nuestras sensaciones y comportamientos, incluso en los procesos mentales.

El distintivo del enamoramiento es, como ya se dijo, la necesidad de posesión. La persona siente enorme necesidad de tener la presencia, la atención, el contacto físico de la otra persona. El enamorado es capaz de grandes esfuerzos y privaciones con tal de obtener el objeto amado. Utilizo la palabra objeto con cierta reticencia pero consiente de ello, pues la persona amada tiene para el enamorado esa calidad. Si exploramos las “razones” del enamoramiento, se verá que el objeto satisface necesidades propias, quizá temporales, del sujeto enamorado. Típicamente, estas necesidades son sociales (de pertenencia, de prestigio), psicológicas (de compañía, de logro) y sensoriales (contacto físico, sexual).

No se crea que exageramos cuando usamos la palabra objeto para referirnos a la persona de la cual se está enamorado. Dicha persona es en realidad un vehículo que trae al enamorado, una satisfacción a sus necesidades. Todos hemos visto demasiado frecuentemente a alguien que se enamora de “la persona equivocada”, o sea, alguien con quien sería evidente que esa relación no tendría un futuro promisorio: aunque esa persona tenga características indeseables, indudablemente tiene otras que satisfacen necesidades más apremiantes para la persona enamorada.

Para mayor ejemplificación: se puede estar enamorado de, literalmente, una cosa. Las sensaciones, los comportamientos, como se verá, son muy parecidos. Imagine un joven que tiene ganas de tener un IPod. Tiene necesidades de comunicación, de tener su música, de portabilidad, de status social, que serían satisfechas a través de tenerlo. Suponga que ese chico no suele hacer las tareas que le encargan en la escuela ni ayudar en casa, que no es muy responsable. Ahora, sus padres le ofrecen que si durante un bimestre hace todas sus tareas, ayuda en la casa y es responsable, le comprarán el IPod, ¿qué cree que sucederá?… Acertó, ese joven tendrá conductas muy similares a las que tendría para conseguir una novia. Puede ser mucho mas “amable” con sus papás, hará sin falta sus tareas de la escuela y recogerá su cuarto, lavará su ropa, etc., siempre y cuando él calcule que todo ello vale la pena por ver satisfechas sus necesidades (a través del IPod). En fin, el chico podrá cambiar su comportamiento con tal de poseer el objeto amado.

Finalmente llegamos a la situación no tan bonita del enamoramiento. Los cambios en las conductas se dan sólo en función de conseguir el objeto deseado. Y la mayoría de estos cambios o comportamientos amables no son permanentes, sino que duran mientras se está en la persecución del objeto o mientras se tiene interés en retenerlo. El problema para distinguir el enamoramiento del amor, es que quien está enamorado tiene por momentos, o con ciertas personas, conductas que lo que harían pensar es que está amando, y no solo enamorado. Todos hemos oído aquello de que si realmente quieres saber quién es y cómo es una persona en realidad, fíjate en cómo trata a aquellos de quienes no espera nada. Una persona enamorada por supuesto que es atenta, cortés, considerada y servicial con su persona-objeto amado, porque necesita-espera algo de él. Pero tan pronto como ya no tenga más esas necesidades o tenga a la vista algo o alguien que satisface mejor esas necesidades, dejará de comportarse como lo venía haciendo.

Y no pretendo decir que uno sea bueno y otro malo, no. Más bien el enamoramiento -que es natural e inevitable-, si es con la persona adecuada, sería una etapa previa al amor de pareja. Pero, desafortunadamente, el amor es mucho más complejo de vivir, pues no es una simple emoción, no es un sentimiento. El amor es decisión y acción de la que, a diferencia del enamoramiento, no todas las personas son capaces en un momento dado. Para amar hay que tener madurez humana y emocional. De ello hablaremos más adelante.

El enamoramiento, claro, es hermoso, es explosivo, es apasionante y apasionado. Da una poderosa sensación de sentirse vivo, generoso, suficiente. Si además , es recíproco, es entonces increíblemente gratificante, es La Experiencia. Decía Bárbara Straisend en la película The mirror has two faces: “as some of you may know… while it last, it feels fucking great”.

¿o tú qué piensas?

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La opción de no hacer el amor hoy por la mañana

Dentro de la pareja la expresión de la sexualidad tiene, como la mayoría de las cosas en la vida dos caras, o doble filo.   La intimidad sexual potencia las situaciones de la pareja.  De manera que las fricciones y molestias, las convierte en irritaciones y enojos; de la misma forma que la atracción se convierte en pasión, y el gusto por el otro, en éxtasis contemplativo.

La descarga hormonal que acompaña las expresiones de alto contenido sexual, tienen la particularidad de que “maquillan” e incluso “pavimenten” temporalmente el desasosiego y la falta de comunicación.   Así, una pareja en la que hay poco amor o que no tiene nada que decirse, durante el acto sexual y poco tiempo después, tiene la impresión de que el amor y la comunicación están tan sólidas como en los buenos tiempos.   Sin embargo, esa sensación es pasajera, y para al menos uno de los dos, la sensación de poco amor o de no comunicación previa, se hace más fuerte.

Hoy por la mañana se presentó la oportunidad de conversar como alternativa a hacer el amor.   Y aunque no fué de ninguna manera más plancentero (duuh), me pregunto: quzá, aunque ríspido el momento, haya ayudado más en la construcción de la relación.

Esto me ha llevado 20 años bosquejarlo.   Y no tengo aún la certeza de que sea cierto.

¿tú que piensas?

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